martes, 23 de julio de 2019

Una puerta al mundo



Alberto era un niño que se moría por las computadoras y los juegos. Podía pasar horas y horas delante de la pantalla y, a pesar de que sus padres no creían que fuera posible, él disfrutaba de verdad todo aquel tiempo de juego. Casi no se movía de la silla, pero cuando se lo decían, cuando otros le insistían para dejar aquello y conocer el mundo, él respondía: "ésta es mi puerta al mundo, aquí hay mucho más de lo que piensan".

De entre todos sus juegos, había uno que le gustaba especialmente. En él guiaba a un personaje recogiendo tortuguitas por infinidad de niveles y pantallas. En aquel juego era todo un experto; posiblemente no hubiera nadie en el mundo que hubiera conseguido tantas tortuguitas, pero él seguía queriendo más y más y más....

Un día, al llegar del cole, todo fue diferente. Entró y corrió como siempre hacia su cuarto, pero al encender la computadora, se oyeron unos ruidos extraños, como de cristales rotos, y de pronto se abrió la pantalla del monitor, y de su interior empezaron a surgir decenas, cientos y miles de pequeñas tortuguitas que llenaron por completo cada centímetro de la habitación. Alberto estaba inmóvil, sin llegar a creer que aquello pudiera estar pasando, pero tras pellizcarse, apagar y encender mil veces la compu, y llamar a sus padres para comprobar si estaba soñando, resultó que tuvo que aceptar que ese día en su casa algo raro estaba sucediendo.

Sus padres se llevaron las manos a la cabeza al verlo, pero viendo que las tortuguitas no iban más allá de la habitación de Alberto, pensaron que sería cosa suya, y decidieron que fuera él quien las cuidara y se hiciera cargo de ellas.

Cuidar miles de tortuguitas de un día para otro, y sin haberlo hecho nunca, no era tarea fácil. Durante los días siguientes Alberto se dedicó a aprender todo lo relativo a las tortugas; estudió sus comidas y costumbres, y comenzó a ingeniárselas para darles de comer.
También trató de engañarlas para que dejaran su cuarto, pero no lo consiguió, y poco a poco fue acostumbrándose a vivir entre tortugas, hasta el punto de disfrutar con sus juegos, enseñarles trucos y conocerlas por sus nombres, a pesar de que conseguir tanta comida y limpiar todo el día apenas le dejaba tiempo libre para nada. Y todos, tanto sus padres como sus amigos y profesores, disfrutaban escuchando las historias de Alberto y sus muchos conocimientos sobre la naturaleza.
Hasta que llegó un día en que no se acordaba de su querida computadora. Realmente disfrutaba más viviendo junto a sus tortugas, aprendiendo y observando sus pequeñas historias, saliendo al campo a estudiarlas, y sintiéndose feliz por formar parte de su mundo.
Ese mismo día, tal y como habían venido, las tortuguitas desaparecieron. Al saberlo, sus padres temieron que volviera a sus juegos virtuales, como cuando él era mucho más triste y gruñón… pero no fue así. Alberto no soltó una lágrima, ni perdió un minuto buscando tortugas entre los cables de la compu, sino que tomando la alcancía con sus ahorros, salió como un rayo a la tienda de mascotas. Y de allí volvió con una tortuga, y algún que otro animal nuevo, a quien estaba dispuesto a aprender a cuidar.
Y aún hoy Alberto sigue aprendiendo y descubriendo cosas nuevas sobre la naturaleza y los animales, incluso utilizando la computadora y el celular, pero cada vez que alguien le pregunta, señala a sus animalitos diciendo, "ellos sí que son mi puerta al mundo, y en ellos hay mucho más de lo que piensan".

PARA PENSAR: El contacto con la naturaleza deja huella. Buscá en tus recuerdos alguna historia sobre algo que descubrieras en la naturaleza y que no hubieras podido descubrir en otro sitio, y comparte con tu hijo/a, nieta/nieto, sobrinos, por qué aquello fue tan especial para vos.

¿Y si pasamos a la acción? Una excelente forma de usar las computadoras es aprender cosas útiles sobre la naturaleza y la vida real. Para ello podes preparar algún proyecto natural, como montar un pequeño acuario, un terrario con insectos o una huerta. Mientras disfrutan haciéndolo, descubrirán que hay mucho que aprender y tener en cuenta para que un pequeño ecosistema pueda funcionar.

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