Igual que la naturaleza se adapta, el cuerpo también debe prepararse
para este ciclo. El ejercicio suave, comer alimentos ácidos y tomarse la risa
en serio, ayudan.
Durante el otoño, las plantas se vuelven amarillas
y se secan, los árboles pierden sus hojas. Como en la naturaleza, nuestro cuerpo finaliza su ciclo y se prepara
para el reposo.
Se va produciendo un descenso de temperatura, a
veces brusco, y vivimos una notable diferencia entre el día y la noche. Además,
existe mayor sequedad a causa del viento. Estos cambios climáticos aumentan las
probabilidades de que las personas sensibles o susceptibles sufran fácilmente
problemas de salud. Debemos ser conscientes de estos cambios para prevenir y
actuar en cada caso.
Pasos para mantenerse rebosante de energía en otoño
A través de estos nueve sencillos consejos podemos
plantar cara al otoño sin notar ningún síntoma de falta de energía y vitalidad.
1. Cuida la química que te levanta el ánimo
La tristeza y la fatiga son muy habituales en la
época otoñal. Al disminuir la luz del sol y reducirse las actividades físicas,
los niveles de las sustancias bioquímicas como la melatonina, la serotonina y
la adenosina cambian, lo que afecta a nuestro bienestar, ya que provoca apatía,
depresión o sensación de cansancio.
En otoño, los pulmones están en una situación sensible a los estímulos exteriores y energéticamente están débiles. La preocupación excesiva y la tristeza pueden hacernos gastar más energía de lo habitual. Es muy importante alimentar la mente con pensamientos positivos y serenidad, tenerla ocupada con cosas que nos hagan ilusión o que nos hagan vibrar positivamente.
En otoño, los pulmones están en una situación sensible a los estímulos exteriores y energéticamente están débiles. La preocupación excesiva y la tristeza pueden hacernos gastar más energía de lo habitual. Es muy importante alimentar la mente con pensamientos positivos y serenidad, tenerla ocupada con cosas que nos hagan ilusión o que nos hagan vibrar positivamente.
Escuchar música alegre y
relajada, salir con amigos, leer, hacer
deportes…
2. Compensar y equilibrar los líquidos
Si durante los meses calurosos perdimos líquidos,
debemos reponerlos junto con las vitaminas y minerales. Para beber suficiente agua, es bueno tomar por
las mañanas 1 o 2 vasos de agua natural con limón o miel. Pero si hemos comido
una gran cantidad de fruta fresca y verduras durante estos meses, pueden aparecer
debilidades en el sistema digestivo y provocar un cúmulo de humedad que se
manifestará ahora: diarrea, hinchazones, gases, dolores... Además, puede
despertarse la intolerancia hacia algunas frutas y verduras. Por lo tanto,
comer moderadamente frutas y verduras crudas durante un tiempo.
3. Desconectate
Cada día tenemos que darnos un pequeño respiro. No nos dejemos llevar por la rutina, lo más fácil
es caer en las viejas trampas de estar permanentemente conectados a algo, al
teléfono, a la computadora, a la tele…Y, cómo no, al trabajo. Cada día date un
respiro. Por ejemplo, da un paseo de 30 minutos después del desayuno, ó el
almuerzo ó la merienda. Y otra buena costumbre, esperar: no tomes el celular
inmediatamente, dejalo sonar durante cinco segundos y luego contesta. Y si
alguna vez una situación te supera, recordá mantener la mente fría durante un
minuto, y luego reacciona, sentate durante 5 minutos. Y bajá un cambio.
4. Pongamos en orden nuestro descanso y nuestra cama
En otoño la naturaleza tiende a la dispersión: es
necesario cuidar los hábitos diarios. Es muy
importante tener un horario regular, sobre todo al levantarse y acostarse. No te
vayas a dormir muy tarde, de este modo evitarás el gasto energético de llevar
un ritmo irregular.
El dormitorio también tiene sus reglas: la cabecera de la cama debe orientarse hacia el norte; no debemos dormir con todas las ventanas completamente cerradas, ni taparnos la cabeza con la sábana, ni abrigarnos de golpe con mucha ropa.
Y cuando nos despertemos, reposemos acostados en la cama durante 5 minutos con los ojos bien abiertos. Después, levantémonos de lado con la ayuda de las manos.
El dormitorio también tiene sus reglas: la cabecera de la cama debe orientarse hacia el norte; no debemos dormir con todas las ventanas completamente cerradas, ni taparnos la cabeza con la sábana, ni abrigarnos de golpe con mucha ropa.
Y cuando nos despertemos, reposemos acostados en la cama durante 5 minutos con los ojos bien abiertos. Después, levantémonos de lado con la ayuda de las manos.
5. La temperatura y la sequedad afectan a la piel y
al pelo
Aparecen afecciones por la inflamación de las zonas
mucosas, como las vías respiratorias, los ojos, la zona vaginal e incluso en el
intestino. Los cambios ambientales bruscos y la sequedad
aumentan los problemas cutáneos: inflamaciones en la piel,
dermatitis por sequedad (es un buen momento para usar cremas de caléndula o
aloe vera) y también desencadenan alergias, caída masiva del cabello, diarrea y
estreñimiento.
6. Adaptémonos y evitaremos las infecciones
Como al principio del otoño la temperatura del agua
es relativamente próxima a la temperatura corporal, se recomienda ducharse con agua tibia. Así se mejora la
capacidad del cuerpo para adaptarse y se evitan las enfermedades relacionadas
con el frío, como resfriados, bronquitis y neumonía. En general, ducharse o
bañarse con agua fría mejora la circulación sanguínea entre la piel y los
órganos internos, evita el endurecimiento de las arterias y, por lo tanto,
puede prevenirse la enfermedad cardiaca coronaria y la hipertensión. Es una
buena rutina, incorporarla cuanto antes.
7. Ejercicio sí, y al aire libre, mucho mejor
Ideal si son actividades como el yoga, chikung,
taichi, caminar al aire libre. Eso sí,
según las condiciones de cada persona, el ejercicio físico debe variar. Como el
organismo se está adaptando al cambio de clima, su energía está en el estado
“cerrado” por lo que los deportes en otoño no deben ser excesivos ni muy
fuertes. Esto también vale para las actividades sexuales: con un ritmo más
suave para poder conservar y potenciar la energía sexual.
8. Y para terminar, regala tu sonrisa
Sobre todo, ríete mucho. Multitud de estudios demuestran que la risa es
una medicina muy eficaz y completa. No solo reduce los niveles de cortisol (de
estrés) y aumenta nuestra capacidad pulmonar sino que también estimula la
actividad de los linfocitos, una parte muy importante de nuestro sistema
inmunológico. Y mejora, y mucho, nuestro sistema circulatorio. Un estudio de la
Universidad de Maryland confirmó que cuando las personas se reían viendo una
comedia, la circulación de la sangre se incrementa en un 21% (y el efecto podía
durar 24 horas). Y al revés, en una situación triste la velocidad de la
circulación de la sangre caía un 18%. Por tanto, ríe tanto como te sea posible,
tómate la vida con humor. Además, como la risa se contagia, si compartes una
sonrisa, regalas salud.







