Hubo una vez un pájaro de piedra… Era una criatura bella
y mágica que vivía a la entrada de un precioso bosque entre dos montañas. Aunque
era tan pesado que se veía obligado a caminar sobre el suelo, el pajarito
disfrutaba de sus árboles día tras día, soñando con poder llegar a volar y
saborear aquel tranquilo y bello paisaje desde las alturas.
Pero todo aquello desapareció con un gran incendio. Los árboles quedaron reducidos a troncos y cenizas, y cuantos animales y plantas vivían allí desaparecieron… El pajarito de piedra fue el único capaz de resistir el fuego, pero cuando todo acabó y vio aquel desolador paisaje, la pena y la tristeza se adueñaron de su espíritu de tal modo que no pudo dejar de llorar.
Lloró, lloró y lloró durante horas y días, y con tanto sentimiento, que las lágrimas fueron consumiendo su piedra, y todo el pajarito desapareció para quedar convertido en un charquito de agua.
Pero todo aquello desapareció con un gran incendio. Los árboles quedaron reducidos a troncos y cenizas, y cuantos animales y plantas vivían allí desaparecieron… El pajarito de piedra fue el único capaz de resistir el fuego, pero cuando todo acabó y vio aquel desolador paisaje, la pena y la tristeza se adueñaron de su espíritu de tal modo que no pudo dejar de llorar.
Lloró, lloró y lloró durante horas y días, y con tanto sentimiento, que las lágrimas fueron consumiendo su piedra, y todo el pajarito desapareció para quedar convertido en un charquito de agua.

Pero con la salida del sol, el agua de aquellas lágrimas
se evaporó y subió al cielo, transformando al triste pajarito de piedra en una
pequeña y feliz nubecita capaz de sobrevolar los árboles... y ayudando a
regenerar los bosques después de un incendio. Desde entonces la nube pasea por el cielo disfrutando de todos los bosques de la tierra, y recordando lo que aquel incendio provocó en su querido hogar, acudiendo siempre atenta con su lluvia allá donde algún árbol esté ardiendo.

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