Al final de su
periodo de conservación las cebollas suelen brotar. Vemos como aparece un
pequeño apéndice verdoso que sale de la parte de arriba del bulbo. Ese pequeño
brote crece consumiendo las reservas almacenadas en el bulbo. Sirve como
almacén de alimento para que la cebolla pueda brotar —ya que no tiene hojas
para realizar la fotosíntesis— y comenzar la segunda parte de su ciclo, que es
cuando florece y podremos recoger sus semillas.
Pasos para
plantarla
Para plantarla y
que siga desarrollándose, solo necesitamos un poco de tierra —en
una maceta o en el suelo de la huerta—.
➊ Tomamos la cebolla tal como
está y la colocamos sobre la tierra, previamente removida, dejando el brote
verde hacia arriba.
➋ La apretamos con la mano para
que se introduzca un poco en la tierra y le añadimos un poco más de tierra alrededor
pero sin llegar a cubrir el brote.
Podemos tapar todo
el bulbo o dejarlo enterrado solo hasta la mitad.
➌ A continuación regaremos
ligeramente para que la tierra se humedezca y se asiente.
Esto hará que la
humedad llegue a la zona inferior del bulbo activando de nuevo el crecimiento
de las raíces. Si las condiciones son favorables, en unos pocos días la planta
habrá arraigado en el suelo y pronto notaremos un rápido crecimiento.
Qué ocurre si no
plantamos una cebolla brotada
Lo que ocurrirá es
que el brote crecerá mientras disponga de los nutrientes y el agua que le
aporta el bulbo. Al tiempo, éste último irá mermando, haciéndose cada vez más
pequeño y ligero. Si lo tocamos notaremos que ya no está firme, como si lo
hubieran vaciado —en realidad eso ha pasado—. Cuanto más grande sea el bulbo,
más podrá crecer el brote por que tendrá mayor cantidad de nutrientes a su
disposición. Podemos comernos sus brotes ya que tienen un sabor y un aroma
intensos ideales para condimentar la comida, en revueltos o en ensalada.


0 comentarios:
Publicar un comentario