Algunos creen que traen suerte, fortuna, amor o
salud. Incluso está la costumbre de pedir deseos si alguna de ellas se posa
sobre una persona. Si se tiene esto en cuenta, se podría decir que en el INTA existe una especie de “fábrica de deseos” ya que,
en estas instalaciones, se desarrolla un criadero de vaquitas de San
Antonio.
Tal vez, se trate de uno de los insectos con mejor
prensa por sus atractivos colores y lunares pero, lejos de los mitos populares,
se esconde la importante labor que estos “bichitos” desarrollan en la
naturaleza y es que son un efectivo plaguicida para la
agricultura.
Como parte de los proyectos especiales de Prohuerta en junio del 2018 se comenzó a trabajar
en la idea de producir un insumo para el control de plagas en las huertas
orgánicas. Unos meses después -en primavera- se inició la
recolección y cría.
Estos insectos están presentes en todas las
regiones del mundo que tengan temporadas cálidas y pasan su vida en las plantas
donde encuentran su principal alimento. A pesar de lo que algunos creen, son insectos carnívoros y solo una especie de las
tantas que hay daña el cultivo de zapallo. Se trata de la epilachna paenulata, la cual es fácil de identificar por
su gran tamaño y color marrón claro con parches marrón oscuro.
El resto tiene una dieta a base principalmente de pulgones pero también atacan a los ácaros, eriofidos y
algunos de tejidos de hongos que causan enfermedades en los
cultivos. Una vaquita adulta puede comer más de mil pulgones durante el
verano. Además durante esta época pueden llegar a poner más de
un millón de crías, esto las convierte en un eficaz controlador de plagas
natural.
Los huevos son de color amarillo y
se ponen, usualmente, en el dorso de las hojas en forma de racimo. Las
especialistas explicaron que las vaquitas tienen una metamorfosis completa. Es
decir, nace de un huevo, durante la juventud es larva después empupa hasta
llegar a la adultez. Todo este ciclo tiene una duración de 20 días.

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