El
niño tomó una de las tizas y comenzó a dibujar: primero un árbol, luego un
conejo, luego una flor...
Pero cuando los residuos cobraron vida, sucedió algo terrible: alrededor de cada papel y cada lata, el bosque iba enfermando y volviéndose de color gris, y el color gris comenzó a extenderse rápidamente a todo: al césped, a las flores, a los animales...
El
niño se dio cuenta de que todo aquello lo provocaban los residuos, así que corrió por el bosque con el
borrador en la mano para borrarlos allá donde habían caído.
Tuvo suerte, y como
fue rápido y no dejó ni un sólo residuo, el
bosque y sus animales pudieron recuperarse y jugaron juntos y divertidos el resto
del día.
El niño no volvió a ver nunca más
aquella pizarra, pero ahora, cada vez que va al campo con su familia, se
acuerda de su aventura y es el primero en recoger todos los residuos, y en
recordar a todos que cualquier cosa que dejen abandonada supondrá un gran daño
para todos los animales y las plantas.
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